Generalmente no me anima cocinar ni entrenar. Sin embargo, cada vez que preparo una buena comida en casa o termino de hacer una sesión de entrenamiento bien completa, me siento satisfecha, realizada.
La disciplina no es algo con lo que me entendiese en mi juventud, especialmente porque en mi casa se usaba la palabra para cualquier cantidad de situaciones en la que uno, como adolescente, lo que quería era comprensión.
Disciplina me sonaba a tortura, a infelicidad, a amargura gratis. Hacer una tarea para el colegio no me costaba. Tal vez no era mi actividad favorita, pero había en mí un sentido natural del deber. Pero cuando salía de ese contexto formal, la vida pedía bailar coreografías de artistas pop de moda, charlar por horas hasta el cansancio con tu mejor amiga, deambular por un centro comercial viendo lo que sucedía, escuchar una misma canción hasta que te odiaran los vecinos.
A mis 41 años tengo ahora un entendimiento muy diferente de la disciplina. Cuando se pierde el orden de los años escolares, cuando te vas de casa y tienes que vivir sola, empiezas a entender que si te pasas la vida bailando, escuchando música hasta agotar a los vecinos y charlando hasta el cansancio, dejará de ser divertido. La discoteca se quedará vacía contigo en el medio perdida, la garganta dolerá insoportablemente, tú misma te agotarás de la música.
El placer interminable no trae la felicidad. Tampoco lo traen el trabajo y esfuerzo eternos. El secreto está en danzar entre ambas cosas. Cuando te independizas y, además, lo haces así de manera drástica como yo, mudándote a otro lado del planeta, a otra cultura, a otro idioma, te das cuenta de que la disciplina te ayudará a sobrevivir, será la brújula que te indique hacia dónde dar el próximo paso aunque no tengas claro cuál será el destino.
La disciplina te ayudará a encontrar y mantener un trabajo, se sentará contigo a calcular tus gastos e ingresos y te llevará de la mano al supermercado a comprar algo más que nutella y pan blanco, porque junto con la curiosidad, la disciplina te enseñará que para sentirte bien es mejor aprender a preparar un buen plato de vegetales con pollo que ahogarte en café con panes de chocolate y que, si en lugar de pasar horas viendo tragedias en instagram sales a correr o a ayudar a alguien, también te sentirás mejor. En serio, te sentirás mejor. Pero serán muchos años de ensayo y error.
El error más grande habrá sido creer que todo es lucha, esfuerzo y disciplina. Entonces te encontrarás con un vacío diferente al de estar sola en el medio de la discoteca, pero igual de desesperante. Esta vez estarás sola en medio de una sala de reuniones ya muy pasada la hora de terminar el trabajo del día. Habrás olvidado lo que se siente bailar como si nadie te estuviera mirando. Empezarás a sentirte sola e inadecuada en la amistad. Habrás crecido de muchas maneras visibles para el mundo, pero dentro de tu corazón seguirás siendo esa adolescente confundida que busca amor y guía, no solo esfuerzo y disciplina.
Llegarás a un punto en el mapa que, después de haber sido un denso recorrido de bosques densos, de aguas rápidas, te llevará a una colina donde podrás ver todo con un poco más de claridad. Habrás vivido proyectos, trabajos, relaciones y aventuras que te llevarán a entender que la vida ideal es un vaivén entre el querer, el poder y el deber. Habrá momentos en los que puedas y quieras bañarte bajo la lluvia, pero deberás tener la disciplina de negártelo un día para poder hacerlo muchos más días de tu (con suerte) larga vida. Habrán momentos en los que deberás hacer cosas que no quieres, pero que al hacerlas estarás protegiendo tiempo y recursos para hacer otras que querrás y podrás.
Seguirás sintiéndote inadecuada en la amistad, pero aprenderás que hasta para eso la disciplina tiene su valor: mantenerte firme ante una promesa de ir a un evento para hacer la tarea de intentar conectar con gente nueva, navegar por todas tus inseguridades y ser vulnerable a una posible nueva amistad. La disciplina te obligará a hacer cosas que te harán sentir mejor contigo misma y, de alguna manera, se habrá convertido en una ruta para llegar a la comprensión que buscabas en tu adolescencia. No vendrá de que otros te comprendan. Vendrá de tú comprenderte y quererte.
A tus casi 41 años, la disciplina se habrá convertido en una de tus mejores amigas. A ella le acompañarán la curiosidad, la aceptación. La introspección habrá sido tu fiel compañera, la que te ayudará a entenderlos a todos. Incluso al cinismo y el desgano que te visitarán cuando menos los esperes. Y volverás a bailar sin miedo a que te estén mirando y descubrirás nuevas canciones con las que fastidiar al vecino.
Te irá bien.
María
P.D. Este texto fue inspirado por esta pregunta para la escritura del día:
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