¿Recuerdan esas clases de Keila de las que tanto les hablé con mis preocupaciones? ¿Cómo motivar a los chicos? ¿Cómo sacar el mejor provecho de ese único encuentro a la semana? ¿Cómo enseñarles las posibilidades que tienen al aprender español? Resulta que, tanto estrés disparó mi creatividad y mis ganas de que la puerta se abriera hacia afuera.
Para el curso trabajamos con un libro que les sirve de consulta según vamos avanzando en el curso, aunque la clase va mucho más allá de eso, o eso vamos intentando. El libro es Aula Internacional I y, en la unidad 3, titulada ¿Dónde está Santiago? fue cuando se me disparó la creatividad. Les propuse, como tarea final, organizar una feria de países. Les di unas pautas generales para que agarraran vuelo, pero los resultados finales serían sólo suyos. Así, durante las 4 clases previas a la tarea final, cada elemento de la clase tenía sentido. Los aspectos de la lengua y la cultura que aprendíamos los podrían volcar al final en su trabajo final según lo desearan.
La feria, entonces, consistió en que en grupos de 3 o 4 personas seleccionaran un país hispanohablante para el que harían las veces de embajador. Se pararían en un estand cuya información ellos mismos debían preparar de antemano y le brindarían esta información al resto de los estudiantes del colegio. Esto se haría en el atrio del colegio, durante las pausas entre clases para poder atraer gente. Para ello, les propuse que tuvieran información audiovisual y muestras de comida, bebida, música, etc. atrajera al público. También debían tener quizzes sobre datos interesantes del país para invitar a su público a responderlas y premiarlos con sus muestras de comida, por ejemplo. El resultado: hermoso.
https://picasaweb.google.com/s/c/bin/slideshow.swf
Los países que presentaron fueron: Panamá, México, Venezuela, España, Chile y Colombia. Un par de grupos habían seleccionado Perú y Argentina, pero parece que se arrepintieron y al final no aparecieron. Cada grupo lo hizo a su manera. Lo más interesante fue que todos prepararon o intentaron preparar algo de comer.
Las de Chile, al acercarte, te daban una perfecta explicación de lo que había pasado con los mineros en 2010, del fabuloso desierto de Atacama y de la pintoresca ciudad Valparaíso.
Los de México cocinaron nachos con chocolate: una decisión que atrajo a muchos.
Las de España hicieron turrón, bailaron flamenco y se deleitaron hablando de su experiencia en el Camino de Santiago.
Las de Venezuela resumían, en una colorida presentación en su computador, los aspectos más importantes del país e intentaron hacer arepitas que resultaron en panquequitas. Una dulzura.
Y en Colombia, dieron a probar un té delicioso de fresa, menta y otros ingredientes que no pude descifrar.
La motivación se disparó al 1000 por ciento, tanto en ellos como en mí. Para evaluar la tarea, bastó con hacer un recorrido por la exposición y, como un turista hambriento, preguntar curiosidades de lo que tenían y tomar nota de ello. Lo mejor de todo fue ver a los chicos de otras clases acercarse curiosos y preguntar. La información quedó expuesta en las paredes del atrio durante un par de días más para que, al pasar por allí, quien quisiera se acercara. Y miren que se veía gente para y mirar.
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