
El libro que más tiempo me ha tomado leer este año ha sido “The Language Instinct”. Aún no lo termino y dudo que logre terminarlo para fin de año, pero me ha fascinado. El libro es parte de las muchas cosas que tengo pendientes para irme formando en una posición más clara sobre la lengua que tal vez nunca llegue a ser blanca o negra.
Este libro es del año 94 y su autor es Steven Pinker, un canadiense, psicólogo y lingüista, entre otras cosas. En el mismo explica una de esas cosas que no me dio tiempo de profundizar en mi máster en tan sólo dos años: La Gramática Universal (propuesta por Chomsky), y otras cosas. No puedo afirmar que estoy en contra o a favor de esta teoría y no sea si sea necesario llegar a esta conclusión (ni blanco ni negro #hedicho), pero sí que me convencen muchas de las ideas que expone allí.
Para cada capítulo he tenido que releer un par de veces varias secciones y sólo lo leo cuando estoy en completa disposición mental que, por desgracia, no es cada día.
El capítulo que resumo y comento a continuación es el número 6 del libro, dedicado a la producción y percepción de lengua oral. Las citas las dejo en inglés, idioma en que leo el libro, porque me costaría mucho trabajo traducirlas. En español comento resúmenes propios.
“The sounds of silence”: some of the main ideas in this chapter of the book “The language instinct” by Steven Pinker
- The brain can hear speech content in sounds that have only the remotest resemblance to speech.
- All speech is an ilusion: There are no little silences between spoken words the way there are white spaces between written words. We simply hallucinate word boundaries when we reach the edge of a stretch of sound that matches some entry in our mental dictionary.
- No human made system can match a human in decoding speech.
Una de las explicaciones que más me agradó por lo gráfica e ilustrativa es la de cómo producimos lengua. Pinker explica cuáles son los órganos involucrados en el habla y explica cómo se combinan en la producción de vocales o consonantes, según sea el caso, lo cual me ha permitido entender la confusión que se da en estonio al pronunciar las letras d/t o g/k. Las consonantes, por cierto, son las que le confieren el título al capítulo. Los que hayan estudiado lingüística o filología, por ejemplo, habrán visto estas cosas. Yo, que apenas tengo un máster de dos años de duración en enseñanza de ELE, encuentro todo esto nuevo y fascinante.
Otra de las frases que me ha dejado clara muchas cosas en esta sección del libro ha sido:
Language overrides carbon dioxide.
Lo cual explica porque dar clases o dar conferencias son tareas agotadoras, puesto que nuestra respiración, al hablar, se adapta a la longitud de las frases que queremos pronunciar, además de la entonación y otros factores, en lugar de adaptar nuestra habla a nuestra necesidad de oxígeno (que en cierta medida sucede, claro, no es que los conferenciantes se anden desmayando en pleno estrado).
Otra idea importante es que las palabras están hechas por la combinación de sonidos, lo cual da lugar a sonidos diferentes para una misma letra, de los cuales no siempre somos conscientes porque se funden unos en otros. Por ello no se justifica la creación de alfabetos que estén basados en sonidos, como propuso alguna vez George Berdnard Shaw, porque la idea del lenguaje escrito no es parecerse al oral, y el escrito nos permite diferenciar palabras que, de otra manera, se confundirían porque tienen igual pronunciación, entre otras razones. Shawn fue, por cierto, el autor de uno de los ejemplos que intentaba demostrar lo absurdo de la escritura en inglés: ¿cómo pronunciarías la palabra ghoti? A lo que la mayoría responde “gouri”, cuando, según Shawn, bien podía pronunciarse igual a fish… el resto de la explicación se las dejo de tarea.
En este capítulo también se explica el porqué no se ha podido crear una máquina que sea capaz de decodificar la lengua oral tal como el hombre (al menos para la fecha del libro, ya que ignoro si existe alguna), y la razón es la coarticulación, que es el efecto de que un sonido se modifique para parecerse más a otro que lo precede o sigue y que es un fenómeno que se observa también en otros movimientos motores, con la finalidad de ahorrar energía y desgaste de las articulaciones.
Hasta aquí algunas de las ideas que más llamaron mi atención en la lectura de este capítulo.
Discover more from Maria Lasprilla
Subscribe to get the latest posts sent to your email.
Leave a comment