Hace muchísimo tiempo que deseo tener las habilidades de un caricaturista para materializar ideas que se me ocurren para la clase de ELE. Mientras, se me ocurre que lo mejor que puedo hacer es irlas describiendo con palabras y archivarlas hasta que llegue un salvador (o lo encuentre yo). Aunque confieso que ayer perdí un poco la paciencia y en lugar de describir, guardar y esperar, me lancé a dibujar sobre un bloc de notas en blanco (y cómo me gusta a mí un papel en blanco para hacer lo que se me vengan en ganas sobre este). Pues sí, estaba preparando un test y quería diseñar una actividad para que los estudiantes describieran las relaciones entre varios personajes de una serie de TV (inventada). Empecé por una lista de datos para que a partir de allí escribieran su versión de la historia. Por ejemplo: Jacinto, padre, un hijo. Después pensé en buscarme una serie que todos conocieran y darles la información básica, pero qué tal si no se conocían todos la serie. Pasé luego a buscar imágenes en Google pero no me resultaba muy bien la cosa con búsquedas del tipo “relaciones personales”, “árbol genealógico” y todo eso. Al final, perdí la paciencia, agarré mi bloc y este fue el restultado:

Cuando hago cosas como esta, en el momento, me siento muy contenta porque he encontrado la solución al problema que tenía. Al menos eso creo. Pero muchas veces me pasa que, después de un tiempo, cuando vuelvo sobre mi creación, empiezo a verle errores aquí y allá. En el caso de un texto, encuentro erratas, explicaciones complicadas, falta de estilos, y cosas así. De momento, esta creación está fresquita y no ha sido llevada al aula. Mañana será el gran día en que llegue a manos de sus destinatarios. Ya me tocará a mí volver sobre ella y juzgarla otra vez (o a ustedes, si se les antoja :)). Es todo un proceso: idear, materializar, editar, probar, dejar reposar, volver, analizar, reeditar. ¡Uy! ¡Cuántas cosas!
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