De las muchas tareas que nos toca desempeñar a los profesores, transmitir a los estudiantes la intención de que utilicemos cierto material en clase es tarea una compleja. De hecho, es ya difícil la serie de decisiones que se tienen que tomar para elegir el material. En cualquier caso se espera, de un profesional, que estas decisiones se tomen tomando en consideración el beneficio del estudiante y el propio. Y se espera, sobre todo, que los estudiantes sean capaces de comprenderlas y aceptarlas.
En mi caso, trabajar en una academia privada de lenguas a la que asisten personas por propia elección significa, al menos en la teoría, que se facilitan muchas cosas. No obstante, la naturaleza heterogénea de los grupos hace que llegar a un consenso sea siempre difícil. Se suele tener siempre algún personaje o todo un grupo reaccionario. Prevenir estas situaciones no es siempre posible, pero para suavizarlo lo mejor es ser transparentes.
Pongamos un ejemplo: este semestre queremos que los estudiantes lean biografías. Lo queremos porque este tipo de texto les ayudará a consolidar ciertos aspectos de la lengua que han ido trabajando durante el nivel, además de que les dará la oportunidad de familiarizarse con personajes de la cultura de la lengua en cuestión. Sabiendo de antemano que a los estudiantes les gusta que se les hagan sugerencias, escogemos un par de opciones para todos. Preferiríamos que todos lean el mismo o que al menos haya subgrupos más o menos iguales que trabajen el mismo material para aprovechar la discusión, el andamiaje, la planificación grupal del tiempo, etc. Seguro que a algunos no les interesará este personaje, porque en la clase tenemos: una contadora, un señor jubilado, una azafata, un profesor de literatura rusa, un empresario y una adolescente punkera, entre otros. A uno le interesará la vida de Neruda, a otro la de Ricky Martin, a la otra la de los pemones y a otro la historia de los carnavales de Barranquilla. Es inevitable, ¡tendremos reaccionarios! Por ello, nos veremos obligados a dar más detalles a nuestros queridos estudiantes de nuestros porqués: todos sus intereses, aunque diferentes, son elementos de la cultura, de la Cultura y de la Kultura. Así, aunque no querramos ser partícipes de tal o cual círculo de la comunidad lingüística a la que nos acercamos al aprender su lengua, para comprenderla y tolerarla y, más aún, para integrarnos a esta de manera exitosa tendremos que aprender de todos esos factores hasta donde las horas de clase y el espacio del aula nos lo permitan.
Todos esos detalles se tienen que transmitir al estudiante al proponer el uso de cualquier material en clase. Esto les dará confianza en que tienen, ante ellos, a una persona que está preocupada porque reciban una educación íntegra y nos dejará preparado un terreno favorable para el éxito de las actividades que emprendamos con dicho material.
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