“No entiendo qué hacemos aquí”: sobre el significado de aprender…una lengua o #loquesea.

El título de este post nace del comentario que hizo una estudiante en la clase mientras, en parejas, intercambiaban números de teléfono sin que antes, la profesora, como la estudiante esperaba que fuese, hubiese explicado, usando para ello la pizarra y largas lista de palabras, cómo eran los números en español o cuáles eran los pronombres personales.

La estudiante, en medio de la actividad, comenzó a explicar elocuentemente alguna preocupación a sus compañeras de clase que yo, sin entender su lengua, comprendí por la cara que tenía y alguna palabra en estonio que capté. Después de unos minutos, decidí pregutarle qué pasaba. Me dijo: “I don’t understand what are we doing here? Where’s the “I” and “you” and the other numbers besides those from 0 to 10? Why aren’t you explaining this to us?”. La estudiante señalaba la pizarra una y otra vez mientras me hacía las preguntas. Yo la escuchaba atentamente entendiendo perfectamente su preocupación.

Esto es algo que sucede a menudo en mis clases. Al menos más de la mitad de los estudiantes, durante sus primeras clases de español, se ríe de manera nerviosa, mira con cara de “qué pasa aquí, no entiendo nada” la cara de otros compañeros, hasta que, gradualmente, descubren que se puede aprender divirtiéndose y comunicando, y que hablar y cometer errores es algo completamente normal, descubriendo al mismo tiempo que lo importante es intentarlo y que en el camino, paso a paso, lo irán mejorando. A muchos les toma más tiempo que otros entenderlo. Algunos requieren unas horas adicionales de clase y atención individual para llegar a comprenderlo.

Algunos prefieren no cuestionar, concluyen que algo anda mal y renuncian. Estos últimos, prefieren apegarse a lo que vieron desde pequeños en la escuela: a una persona con autoridad, cuyas órdenes debían seguir sin chistar; una persona sin rastros de sonrisa (con excepción de unos pocos que, atenidos al sistema. al menos eran simpáticos), una persona con la ropa y el pelo en perfecto orden, con un libro y una regla bajo el brazo y una caligrafía impecable, de pie ante ellos dictando una interminable retahíla de tratados, teorías, números, tablas gramaticales y reglas que, si ellos no aprendían de memoria, lo único que conseguirían sería el fracaso de su vida escolar, profesional y emocional. Era normal. Era el sistema. Un sistema que desapareció recientemente pero que ha dejado una huella fuertemente marcada en la sociedad.

Aprender una lengua, ya lo sabrán muchos, no es aprenderse las reglas gramaticales de memoria. Sí, ya sé que esto no es algo nuevo, para algunos. Pero la realidad es otra. Muchos todavía no lo saben, no lo entienden. Para muchos, el profesor sigue siendo el que tiene todas las respuestas y la clase es un ritual que no se debe ver alterado, porque deja de ser clase. En el caso de la clase de lengua, lo normal es que en la pizarra se escriban unas tablas de verbos y reglas gramaticales que nosotros como estudiantes deberemos repetir y memorizar hasta el cansancio (y así fue como salí yo de mi primera clase de estonio: con el cuaderno lleno de verbos conjugados en presente y sin poder usarlos en ninguna frase).

Estudiantes como esta, que casi sufre un infarto después de ver (y es jovencita, aclaro) que en tres clases yo no había hecho lo que ella esperaba, representan un valor agregado. No son una amenaza, son un complemento. En mi caso, su cuestionamiento me ha llevado a recordar que a veces, la manera de llevar a nuestros estudiantes por el nuevo sendero debe ser gradual, sin atajos, acompañándolos con algunas de las costumbres viejas que poco a poco iremos eliminando, para que el cambio no sea tan dramático y no lo sufran, sino que lo disfruten y lo vayan comprendiendo. Hay que cambiar, sí, pero también hay que saber hacerlo y el cómo depende de nuestros grupos. No queremos rechazo y sabemos que eso es lo normal cuando las cosas se quieren hacer de una manera diferente. Así, será necesario que, más de una vez, además de una clase de lengua, estemos dando una clase de vida, de educación, de cómo aprender. Y que no se olvide…


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