…ayudar a los estudiantes a ser más autónomos. ¡Ajá! ¿Y eso con qué se come? Estando tan joven en mi carrera tengo mil millones de cosas por responderme y siguen apareciendo más en el camino. Esto a veces me agobia, pero la mayor parte del tiempo me causa fascinación y hace que lo que hago me interese tanto como para no me importe “lugar ni fecha en el calendario” para hacerlo.
Una de esas cosas que me da vueltas por la cabeza es eso de la autonomía. Me parece que hasta que no lo tenga clarito, no estaré sabiendo qué es lo que me toca hacer. A veces me llegan rayitos de luz de qué es lo que eso significa y, bueno, lo de cómo hacerlo, hm…eso es otra historia.
Hoy, uno de esos rayitos de luz se dió leyendo –en este documento– la presentación de Fernando Yus en el Encuentro “Leer y escribir en español en la red: Aprendizaje, renovación y propuestas” (encuentro al que no he asistido pero a cuya información puedo acceder gracias a la generosidad de los colegas en la maravillosa red de Twitter).

En su presentación, él va diferenciando, en un principio, las características de los discursos impresos y los digitales (abiertos), y me ha fascinado cómo describe la forma en la que un usuario debe aproximarse a uno y al otro. En el segundo, el usuario debe ir tomando una serie de decisiones que, en otros casos, ya alguien las ha tomado por este. Aquí fue cuando entró el rayito de luz por el boscoso recorrido de lo que es enseñar: yo, lo que tengo que hacer como profe, es ayudar a mis discipulitos a que decidan por qué camino van a manejar sus carritos, ayudándoles, a su vez, a que aprendan a decidirse por el que les lleve por la ruta más bonita y beneficiosa, para ellos y los demás.
Eso, ahí me quedé, porque todavía no sé cómo. A ver si en las próximas décadas lo descubro. De ser así, les aviso 😉
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